Durante mucho tiempo pensó que sanar sería algo evidente. Imaginaba que un día se despertaría distinta, como si durante la noche alguien hubiese entrado en silencio a recoger los cristales rotos del suelo. Pensaba que abriría los ojos y ya…
Al día siguiente no tuvo ganas. Y eso fue lo primero que le dolió. La noche anterior se había acostado con una especie de promesa tibia entre las manos. No era una promesa grande, ni de esas que se dicen…
El pan todavía estaba caliente cuando el móvil volvió a vibrar. Ella lo oyó desde la cocina, mientras extendía un poco de mantequilla sobre una rebanada mal cortada. La miga se deshacía bajo el cuchillo y algunas migas cayeron sobre…
Por la noche no cenó. No porque no tuviera hambre, sino porque había días en los que el cuerpo parecía no saber qué necesitaba. Había desayunado como quien cruza un puente. Había comprado flores como quien pone una bandera pequeña…
La calle parecía recién lavada. Todavía quedaban charcos junto a los bordillos, hojas pegadas al suelo y ese olor húmedo que tienen las ciudades después de llorar durante toda la noche. Ella salió del portal con el bolso colgado del…
No abrió el libro hasta llegar a casa. Lo llevó todo el camino dentro de la bolsa de papel, apretado contra el costado como si no fuera un libro, sino una especie de salvavidas discreto. Lloviznaba de nuevo, apenas una…
Despertó antes de que sonara el despertador. Durante unos segundos no supo qué día era, ni qué peso exacto le esperaba al otro lado de los ojos. Se quedó quieta, con la cara hundida en la almohada y la manta…
Aquella noche no cenó sopa. La preparó, sí. La dejó humeando sobre la mesa, junto al libro rojo, la libreta abierta y el móvil boca arriba. Pero cuando se sentó frente al plato, descubrió que no tenía hambre. No era…
Por la mañana no miró fechas. Eso fue lo primero que hizo mal. O eso pensó al despertarse, cuando abrió los ojos y vio la luz entrando por la rendija de la persiana. La noche anterior se había dormido con…
No durmió bien. Tampoco durmió mal. Fue una de esas noches intermedias, llenas de vueltas lentas, de despertares breves, de sueños que no llegan a ser sueños y pensamientos que no llegan a ser decisiones. A ratos creía estar dormida…
El telefonillo sonó antes de que ella pudiera decidir nada. Un sonido corto. Brusco. Real. Ya no era una vibración sobre la mesa, ni una frase iluminándose en la pantalla, ni una fotografía de una taza en una cafetería antigua….
No bajó al buzón. Esa fue la primera decisión. La mano seguía sobre el pomo de la puerta cuando leyó por tercera vez el mensaje de Laura, la camarera. “Clara me pidió que te avisara si te veía por aquí….
Cuando despertó, lo primero que vio fue la luz. No era una luz hermosa. No era de esas que entran por la ventana como una promesa limpia ni de esas que convierten una habitación en escena de película. Era una…
No respondió. El mensaje seguía en la pantalla, negro sobre blanco, como si tuviera más peso que el tren entero. “Por favor, dime que aún no has subido al tren.” Ella lo leyó una vez. Después otra. Luego apagó la…
Se quedó quieta en mitad del andén. La gente pasaba a su alrededor con esa prisa pequeña de las estaciones: ruedas de maletas golpeando las juntas del suelo, voces buscando salidas, abrazos rápidos, turistas mirando mapas, una niña preguntando si…
La vio antes de que Clara la viera a ella. O eso creyó. La bufanda verde se movía al viento como una pequeña bandera entre la gente del paseo marítimo. Había algo casi absurdo en reconocer a alguien por una…
No contestó. Leyó el mensaje una vez. Después otra. Y luego una tercera, aunque ya se lo sabía de memoria. “Hay otra persona de la que nunca te hablé.” El mar seguía allí, ocupándolo todo al otro lado del balcón….
El ascensor tardaba demasiado. O quizá era ella la que ya no sabía esperar. Se quedó de pie en el pasillo de la segunda planta, con la tarjeta de la habitación en una mano y el móvil en la otra….
El mensaje permaneció en la pantalla como una grieta. “Soy Inés. Necesito hablar contigo antes de que él vuelva a mentirte.” Durante unos segundos no ocurrió nada. Ni dentro ni fuera. El mar seguía golpeando la orilla al otro lado…